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23 de julio de 2011

(107) SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO NORUEGO:

El reciente y brutal atentado de Oslo ha conmocionado a una nación poco acostumbrada a sufrir actos terroristas. Si aceptamos que a tanto daño y sufrimiento nadie puede nunca acostumbrarse, percibiremos la paradoja de comprobar que casi a diario nos dejan impasibles las noticias de atentados en países como Afganistán, India, Pakistán y similares, golpeados una y otra vez por el terrorismo islámico. Tanta bomba, tanta sangre, tanto sufrimiento y tanta muerte ha terminado endureciendo nuestra alma, por su cotidianeidad.

Hoy en Oslo, por su cercanía y por su afinidad de país occidental, hemos percibido más intensamente el olor de la pólvora y el dolor de la metralla y nuestra sensibilidad parece haberse conmovido más de lo habitual. Así pues, reflexionemos: ante la próxima noticia -muy posible y desgraciadamente en unos pocos días- que nos llegue de un nuevo atentado ocurrido en regiones remotas, deberemos de despertar nuestra sensibilidad y nuestro dolor como si hubiese vuelto a ocurrir en Oslo. Solo así conseguiremos sentirnos ciudadanos del mundo.